Tejiendo juntos 200 tapices de resistencia

Por Carmina Obanil Mar 13, 2023

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Imagínese 200 tapices diferentes. Ahora imagine las horas y el esfuerzo que se invirtieron en tejerlos: las innumerables hebras de hilo, las corrientes de pensamiento detrás de los patrones, la complejidad del telar y el extremo cuidado de las tejedoras para garantizar que cada tapiz sea especial.

Así es como se ha sentido la puesta en marcha del proyecto piloto del Intercambio de Recursos Comunitarios (CRE). El CRE es un sistema para facilitar colaboraciones y codesarrollar estrategias con y entre comunidades que defienden sus derechos, en el contexto de las inversiones internacionales y los proyectos de desarrollo. Hasta ahora, hemos facilitado unas 200 colaboraciones a petición de comunidades y personas defensoras de los derechos humanos, que nos permitieron contribuir a los magníficos tapices que diseñaron.  

La clave del éxito del CRE es que está construido por y para las comunidades y sus aliados, en el Sur Global y el resto del mundo. Antes de lanzar el piloto en octubre de 2020, pasamos dos años y medio diseñando colectivamente las estructuras colectivas del CRE, o el “telar”, que incluyen una Secretaría, grupos de trabajo de subvenciones regionales, un comité asesor global y una base de datos de nodos y colaboradores (para más información, consulte aquí). Aunque el CRE sigue en fase piloto, ya se ha consolidado como una infraestructura de campo esencial.  

Al igual que las tejedoras que trabajan juntas y mezclan diferentes hilos en el telar, las comunidades están utilizando el CRE para tejer habilidades, herramientas, recursos y alianzas para avanzar en diferentes estrategias de resistencia. Entre ellas se incluyen los medios de comunicación, las campañas, la investigación financiera y el mapeo del poder, la organización y movilización de la comunidad, el apoyo jurídico y el apoyo a la seguridad. Cada conexión representa un hilo de diferente color o textura, que las comunidades están utilizando para enriquecer los tapices de sus luchas.

Las estructuras actuales del CRE pueden apoyar unos 100 vínculos basados en la demanda y conceder unas 40 subvenciones de unos US$5.000 cada una. Las subvenciones de colaboración las conceden tres grupos de trabajo regionales (uno en América Latina, otro en África y otro en Asia y el Cáucaso), compuestos por activistas de las respectivas regiones.

A quienes no recibieron una de nuestra limitadas subvenciones, les ayudamos a acceder a fuentes alternativas de financiación (como Global Greengrants Fund-IFI Board, Fondo Socio Ambiental, o posibles financiadores a largo plazo como Thousand Currents, Legal Empowerment Fund, etc.). Además, a través del Grupo de Trabajo sobre Seguridad de la Campaña Defensores en el Desarrollo, garantizamos el acceso a apoyo en materia de seguridad a más de 20 personas defensoras de los derechos humanos/grupos de defensores, incluida la evaluación y mitigación de riesgos, la formación en materia de seguridad y la reubicación temporal.

Necesidades complejas, ideas innovadoras

Participantes de Armenia, Georgia y Uzbekistán posan para una foto durante la reunión y las conversaciones de aprendizaje en Tiflis (Georgia). Más información sobre el intercambio aquí.

Cada lucha conlleva necesidades múltiples y complejas. Para garantizar que las comunidades puedan utilizar diversos hilos para confeccionar sus tapices, el CRE ha introducido varias “innovaciones”, poniendo en práctica algunos de sus principios fundamentales, como: construir poder a nivel comunitario; valorar todas las habilidades, experiencias y conocimientos; y evitar la duplicación.

Una estrategia clave es abrir espacios y crear oportunidades para el aprendizaje colectivo, que es crucial para que prosperen nuestros movimientos colectivos por la justicia económica y social. Estos espacios pueden tener diferentes formatos, desde intercambios de aprendizaje específicos (que reúnen a comunidades que se enfrentan a problemas similares en una o más regiones), a círculos de aprendizaje sobre temas específicos para un grupo diverso de participantes, o laboratorios de aprendizaje en los que traemos a facilitadores externos o activistas que pueden compartir su experiencia con los demás y luego facilitar el debate colectivo (para más información, consulte este blog).

Por ejemplo, recientemente la Coalición convocó a un grupo de activistas indígenas y de base de América Latina a un taller de aprendizaje de cuatro partes sobre estrategias de comunicación. Estas sesiones ofrecieron un espacio para la autorreflexión y el aprendizaje colectivo con y de los demás. Una participante de Colombia dijo: «Durante este círculo de aprendizaje, me di cuenta de cuántas cosas hemos hecho. Todos los días llevamos a cabo tantas actividades diferentes para hacer avanzar nuestra lucha, pero nunca tenemos tiempo para analizar lo que hacemos, sistematizar el aprendizaje y echar la vista atrás para ver lo que hemos conseguido. Tendemos a centrarnos en reaccionar ante situaciones de emergencia, pero este espacio nos ha ofrecido la oportunidad de aprender y reflexionar sobre nuestra estrategia”.

Otro defensor de los derechos humanos de Indonesia, que participa en un proceso de aprendizaje colectivo similar en Asia, afirmó: “Aprendí que es muy importante apoyar y comunicarse con organizaciones de otros países que se enfrentan a los mismos problemas: estos intercambios nos permiten fortalecernos mutuamente”.

El CRE también empezó a reunir a algunas comunidades que se enfrentan a problemas similares en la misma región, con la intención de impulsar “comunidades de acción” que faciliten los intercambios continuos y fomenten el trabajo coordinado hacia acciones colectivas. Por ejemplo, estamos colaborando con varios grupos comunitarios de la RDC afectados por la extracción de minerales de transición por parte de empresas chinas. Estamos trabajando con nuestro miembro AFREWATCH en un próximo intercambio sobre el nuevo Código Minero de la RDC, que esperamos sea el punto de partida de una colaboración concertada entre las comunidades y sus aliados.

También estamos tratando de ampliar el impacto y evitar la duplicación a través del concepto de Redes Hermanas: cuando las comunidades se ponen en contacto con nosotros, aprovechamos las redes establecidas o emergentes que están alineadas con el alcance y los valores del CRE, a través del desarrollo intencional de relaciones de trabajo, coordinación y delegación. Por ejemplo, para complementar la campaña internacional en curso contra el oleoducto de crudo de África Oriental (denominada STOP EACOP), el CRE apoyó a grupos de jóvenes de Uganda y Tanzania para que se organizaran, movilizaran y codesarrollaran habilidades y estrategias de incidencia, al tiempo que los vinculaba con aliados en la campaña para impulsar la acción colectiva a escala internacional.

El CRE también genera pruebas –y un mayor apoyo de las bases— para impulsar el cambio de políticas y sistemas. Por ejemplo, uno de nuestros colaboradores del CRE apareció en un informe sobre la diligencia debida en materia de derechos humanos de la campaña Personas Defensoras en el Desarrollo (Ojos Vendados). En América Latina, el CRE puso en contacto a comunidades afectadas por distintos proyectos del sector eléctrico financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), interesadas en impulsar reformas del sector eléctrico en el banco. Algunos colaboradores comunitarios del CRE están trabajando ahora con defensores de políticas de la sociedad civil, para exigirles una retirada responsable y una reparación a los bancos de desarrollo que salen de proyectos en los que no deberían haber entrado en primer lugar. También estamos poniendo en contacto a los colaboradores de la comunidad CRE con un trabajo más amplio de incidencia política sobre el Pacto de Leticia (un pacto para la preservación de los recursos naturales de la región amazónica) y sobre la Transición Energética Justa.

Construir un CRE más fuerte

El mayor indicador del éxito del CRE ha sido que los grupos comunitarios han regresado al CRE a medida que sus luchas evolucionan y nos remiten a nuevas comunidades. Sin embargo, el telar del CRE está tenso y es necesario responder a preguntas más profundas sobre cómo ampliar nuestro impacto en un contexto de recursos limitados.

A medida que nos acercamos al final de la primera fase del piloto, nos entusiasma arrancar con la segunda. Primero nos centramos en crear y poner a prueba las estructuras del CRE, ahora daremos prioridad a ver cómo podemos ampliar el impacto de forma sostenible y aprovechar lo aprendido para servir al cambio sistémico.  

Seguiremos con nuestro trabajo principal de facilitar vínculos para las comunidades, tejiendo tapices con ellas y sus aliados. Pero también estamos pensando en cómo podemos facilitar que más comunidades tejan juntas sus diferentes tapices en grandes carpas, bajo las cuales podamos trabajar juntos por la justicia económica y social. Seguiremos basándonos en la cultura de voluntariado y compromiso del CRE, llevaremos a cabo más actividades de divulgación para ampliar el número de colaboradores en estrategias y zonas geográficas en las que vemos lagunas, mapearemos mejor los diferentes aliados y las luchas dirigidas por las comunidades utilizando nuestras bases de datos de contactos y gestión de casos, y exploraremos otras modalidades de trabajo para ampliar el impacto.

Dado su amplio alcance y escala, el CRE tiene el potencial de generar un aprendizaje significativo. Ya estamos observando tendencias, lecciones y retos que proporcionan una comprensión más rica de las comunidades, sus líderes, sus aliados y sus redes. Los datos cualitativos y cuantitativos que estamos recopilando proporcionarán una base de pruebas más sustancial para impulsar el cambio de políticas y sistemas en los financiadores del desarrollo, y para promover la incidencia internacional. Estos conocimientos también serán de gran utilidad para las comunidades, que podrán ver cómo han funcionado las distintas estrategias en diferentes contextos; para las organizaciones de la sociedad civil, que podrán aprender a colaborar mejor con las comunidades de base; y para los socios filantrópicos y de financiación, que podrán identificar las brechas de financiación para las luchas dirigidas por las comunidades.

Aprovechar las enseñanzas del CRE significa reunir a los grupos de base y a sus aliados para que aprendan unos de otros, se empoderen mutuamente y trabajen juntos en solidaridad para impulsar la incidencia política a escala local, nacional, regional e internacional. Solo trabajando y aprendiendo juntos podremos lograr un desarrollo basado en los derechos y dirigido por las comunidades en todo el mundo.

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