A lo largo de los continentes, las “zonas de sacrificio” se asemejan a heridas profundas grabadas en el tejido de nuestro planeta. Son regiones donde los ecosistemas y los medios de vida han sido devastados por industrias de combustibles fósiles y otras que prometen progreso pero dejan destrucción a su paso. Son lugares donde las grandes empresas y corporaciones transnacionales contaminan los ríos, oscurecen los cielos y vuelven estéril la tierra; donde el costo del desarrollo se paga con sufrimiento humano y destrucción ecológica.
Lo que une a estas “zonas de sacrificio” es la historia compartida de territorios donde la prosperidad de unos pocos se construye sobre el sufrimiento de muchos, y donde las comunidades luchan por reparar las fracturas infligidas a su tierra, su salud y su dignidad.
Aquí presentamos cuatro estudios de caso que destacan las experiencias de comunidades y organizaciones de la sociedad civil que colaboran con nosotros a través del sistema de Intercambio de Recursos Comunitarios (CRE).

Red global de zonas de sacrificio
Las historias de Tula, Antofagasta, Odimodi y Pangkalan Susu no son casos aislados; son hilos de un tapiz global de zonas de sacrificio donde las comunidades pagan el precio de la expansión industrial. Lo que une estas luchas no es solo la explotación sistemática que enfrentan, sino también su resiliencia y determinación para resistir.
Para desmantelar las zonas de sacrificio, los gobiernos y las corporaciones deben priorizar a las personas por encima del lucro, implementar salvaguardas ambientales sólidas y respetar los derechos y la autonomía de las comunidades afectadas. Estos esfuerzos deben ir acompañados de cambios sistémicos en el financiamiento del desarrollo, asegurando que los proyectos sirvan al bienestar de las personas y del planeta, en lugar de perpetuar ciclos de daño.
La lucha por la justicia ambiental no es solo una defensa de la tierra, el aire y el agua; es una batalla por recuperar los futuros robados por la codicia y la negligencia. En su valentía y perseverancia, los pueblos de Tula, Antofagasta, Odimodi y Pangkalan Susu abren camino para que otras comunidades definan sus propios modelos de desarrollo.
Lee los estudios de caso en el artículo de Mongabay aquí (en inglés).

Fuente: Red de Conciencia Ambiental «Queremos Vivir» (Tula, México)
