
Recorridos con periodistas por el territorio en torno al pueblo de Geta.
Blog de Rabil Ismail, activista medioambiental y cofundador de la Plataforma Salam, y colaborador del Intercambio de Recursos Comunitarios
Desde niño quise proteger nuestro medio ambiente y las verdes colinas donde crecí. Sabía que mi territorio estaba amenazado y que algún día tendría que alzar la voz para protegerlo.
Situada en el sur de Georgia, la región de Kvemo Kartli se enfrenta desde hace tiempo a las nefastas repercusiones medioambientales, sociales y culturales de los proyectos mineros. Incluso cuando era un niño en la escuela, recuerdo haber oído a la población local quejarse de las minas. Pero sus preocupaciones se han ignorado sistemáticamente. En 2014, por ejemplo, la empresa minera RMG Gold destruyó el yacimiento arqueológico de Sakdrisi a pesar de la resistencia generalizada de las comunidades locales y los académicos.
| Acerca del RMG Group
Según un informe del Centro de Recursos sobre Empresas y Derechos Humanos, RMG Copper y RMG Gold son filiales de «Rich Metals Group», una empresa con sede en los Países Bajos con una compleja cadena de propiedad. Los periodistas han rastreado la propiedad de RMG hasta una aparente empresa matriz, Eulachon, con sede en la Isla de Man y propiedad de dos multimillonarios rusos, Dmitry Korzhev y Dmitry Troitsky. |

Movilización cívica en el pueblo Mushevani en 2022. Crédito: Salam Platform
La primera vez que me uní a una movilización contra una mina fue en 2022. Unos amigos de la aldea de Mushevani me pidieron que apoyara una campaña para detener la expansión del RMG Group, que estaba extrayendo oro, cobre y plata en el distrito de Bolnisi. En sólo una semana conseguimos movilizar a la comunidad local y crear un comité.
Según la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), la extracción de minerales se llevaría a cabo a menos de un kilómetro de la aldea, utilizando un método de extracción a cielo abierto. Este proceso implica una o dos explosiones cada semana, y el transporte del mineral extraído suele realizarse las 24 horas del día, lo que provoca contaminación atmosférica y acústica. Además, había otros proyectos de infraestructuras a gran escala previstos en la zona (como una empresa de fabricación, un aparcamiento para la maquinaria y carreteras de acceso, y un vertedero de 25,7 hectáreas para roca estéril cerca de la cantera).
Tanto la documentación de la Agencia Nacional de Medio Ambiente como una evaluación independiente de la EIA elaborada por la ONG ecologista georgiana Green Alternative confirmaron que las evaluaciones de la empresa eran erróneas.
Con la ayuda de abogados del Center for Social Justice, preparamos entonces una carta dirigida a las autoridades, argumentando por qué debía detenerse este proyecto y explicando cómo se estaba viendo afectada la población. En sólo un día, conseguimos recabar firmas de aproximadamente el 50% de los habitantes del pueblo y presentar la carta a la Agencia Nacional de Medio Ambiente.
Cuando recopilamos las firmas, llamamos inmediatamente la atención de la empresa. Se vio un jeep blanco dando vueltas por el pueblo, con alguien haciendo fotos a los medios de comunicación que cubrían nuestra iniciativa, a los activistas implicados en la movilización y a los jóvenes que participaban. Paradójicamente, se vigilaba a quienes intentaban proteger el pueblo como si fueran personas peligrosas.

Movilización de la comunidad local en el pueblo de Mushevani en 2022.
De julio a diciembre de 2022, el pueblo siguió avanzando en su lucha por proteger el territorio y los derechos de la población local. Organizamos reuniones y debates democráticos, en los que empezaron a surgir algunos conflictos ideológicos. Varios activistas fueron intimidados y amenazados. A algunos se les advirtió de que podrían dirigirse a ellos, a otros se les sobornó y silenció. Por desgracia, la empresa consiguió dividir a la población local, enfrentando a unos aldeanos con otros y convenciendo a algunos para que aceptaran sus tratos.
Sin embargo, los aldeanos que lideraban la resistencia contra la mina consiguieron que se atendieran algunas de sus peticiones. Por ejemplo, el presupuesto asignado como compensación para su
pueblo aumentó de uno a cuatro millones de GEL (equivalentes aproximadamente a 1,4 USD). Los aldeanos también crearon una iniciativa para vigilar la extracción del mineral.
Mientras tanto, nos enteramos de que el gobierno había concedido al grupo RMG una licencia adicional para extraer oro en otros seis pueblos, donde hay un total de 8.000 personas. Estaba claro que, para las élites políticas georgianas, nuestra región es un campo minero a cielo abierto, donde los pueblos pueden ser sacrificados y desaparecer para hacer sitio a más minas. Es la maldición del oro.
Las cosas podrían haber sido diferentes. Nuestra región, históricamente un lugar multicultural, tiene raíces antiguas. Actualmente aquí la mayoría de la población pertenece a minorías étnicas: 65% de etnia azerbaiyana, 5% de armenios y 30% de georgianos. Desde 2019, abogamos por incluir las necesidades y preocupaciones de la comunidad étnica azerbaiyana en la agenda política. Creemos que Georgia puede convertirse en un país donde todos puedan acceder a oportunidades justas e iguales, pero tenemos que seguir desafiando el modelo de desarrollo actual y abogar por alternativas.
El Estado está tratando estos territorios como una zona de sacrificio, descuidándolos deliberadamente y sembrando un sentimiento de desesperanza entre las comunidades locales. Los aldeanos se ven obligados a marcharse o se enfrentan a grandes empresas que pueden arrebatarles fácilmente su futuro y sus recursos.
Todos nuestros ojos están puestos ahora en el pueblo de Geta. El grupo RMG planeaba construir allí una nueva planta de almacenamiento de estériles. Las escombreras son especialmente dañinas: son depósitos donde se lavan los minerales para ser procesados, y -como están llenas de cianuro y otras sustancias químicas- dañan todo lo que hay a su alrededor. El suelo y el agua de estos territorios, una vez contaminados, no pueden recuperarse.

Protesta contra la ampliación de una mina en el pueblo de Geta, en marzo de 2023.
Los habitantes de Geta han manifestado claramente su oposición y han expresado que no quieren que la empresa entre en su territorio para construir el vertedero. Curiosamente, aunque la Agencia Nacional de Medio Ambiente aún no había tomado una decisión sobre el proyecto, RMG inició los trabajos preparatorios.
Pero gracias a la campaña dirigida por la comunidad y a los esfuerzos de incidencia, la empresa ha detenido por ahora sus actividades. En marzo de 2023, los aldeanos se reunieron con los representantes de la empresa y con las autoridades locales. Durante la reunión, expusieron sus preocupaciones y pidieron que se reconociera que los terrenos públicos que rodean el pueblo deben pertenecerles a ellos, el pueblo. A la reunión siguieron una serie de manifestaciones, contactos con los medios de comunicación y peticiones. Recopilamos firmas y nos dirigimos a todas las instituciones pertinentes, desde el Presidente hasta el Primer Ministro y el Presidente del Parlamento. Sabíamos -después de la experiencia en el pueblo de Mushevani- que el tiempo era esencial y que teníamos que actuar con rapidez.
Día y noche discutíamos con los activistas locales y pensábamos qué más podíamos hacer. Sabíamos que la empresa pronto empezaría a llamar a la población local para intentar coaccionar a algunos de ellos y convencerlos de que protestar no tenía sentido, ofreciéndoles dinero a cambio de su silencio. Pero en Mushevani habíamos aprendido la lección. Recordamos a la gente que no cayera en sus trampas y que se negara a firmar documentos poco claros o tratos turbios.

Protesta en el pueblo de Geta, marzo de 2023.
Durante las fiestas de Novruz Bayram, invitamos a todo el mundo -amigos, activistas, conferencias, organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación- a celebrarlo con nosotros en el pueblo. Fue una oportunidad para hacer aún más visible nuestra lucha y para que nuestras preocupaciones se oyeran en todo el país.
Al cabo de un rato, vimos cómo la empresa retiraba sus equipos del valle, dejando atrás algunos árboles caídos y sus ambiciones salvajes. Para nosotros fue una gran victoria. La clave de nuestro éxito fue la unidad de los aldeanos y nuestros objetivos comunes. Demostramos que, unidas, las comunidades locales pueden detener grandes proyectos. Ahora más que nunca, el pueblo de Geta es para nosotros un faro de esperanza.
Son tiempos oscuros para Georgia. El partido político en el poder, Sueño Georgiano, no comparte ningún sueño con la gente corriente con la que caminé por las calles de Geta y otros pueblos. En mayo, el gobierno georgiano aprobó la «ley de representantes extranjeros», un proyecto de ley que impone requisitos estrictos a los medios de comunicación independientes y a las organizaciones de la sociedad civil. La ley ha sido muy criticada por grupos locales e internacionales, ya que es un claro intento de reprimir la disidencia. A partir de septiembre, es posible que nuestra organización no pueda operar, porque nos negaremos a inscribirnos como «representante extranjero» en un registro que consideramos difamatorio y anticonstitucional. Trabajaremos hasta la última hora que podamos, pero nos negamos a rendirnos y a registrarnos.
Pero mantenemos la esperanza. La historia de Geta demuestra que se pueden detener los proyectos perjudiciales. Juntos podemos construir una Georgia justa, igualitaria y próspera.
