Justicia para la región Tolteca
En la región de Tula-Tepeji-Apaxco, donde las llanuras toltecas alguna vez albergaron una rica biodiversidad y un patrimonio cultural, el agua y el aire están ahora saturados de contaminación. Desde principios del siglo XX, la llegada de plantas de cemento, refinerías, fábricas de productos químicos, una central eléctrica de carbón y hornos de cal ha transformado la región. Con el respaldo de todos los niveles de gobierno, estas industrias han destruido el equilibrio ecológico de la zona y arruinado la salud de su población, envenenando el agua, el aire y el suelo con residuos tóxicos.
Uno de los epicentros de esta catástrofe medioambiental es el río Tula, que recibe 150.000 litros de aguas residuales sin tratar cada segundo procedentes de Ciudad de México y el Valle de México. Las llamadas «aguas negras» están repletas de residuos industriales y hospitalarios, y las aguas residuales desbordan el río y sus afluentes. La presa de Endhó, construida originalmente para apoyar la agricultura local, se ha convertido en un vertedero tóxico que envenena a miles de personas que dependen de los pozos cercanos para beber agua. A pesar de décadas de advertencias, los gobiernos locales y nacionales han permitido que esta contaminación persista.
En este artículo, Angélica, vocera de la Red «Queremos Vivir», expone cómo la comunidad sigue en pie, defendiendo su derecho a vivir en una tierra sana.
¿Qué pasó el 10 de noviembre de 2017? Cuando muchas personas salimos corriendo en las comunidades que atraviesa el río Tula, dejamos lo que estábamos haciendo cuando supimos que estaban talando cientos de árboles centenarios de sus riberas… las imágenes que rodaban en las redes sociales nos conmovieron, no dábamos crédito al ecocidio que veíamos.
Al llegar a los 5 tramos talados del río la pregunta fue ¿Por qué hacen esto? Y la respuesta por parte de las constructoras instaladas en cada uno de los tramos fue: porque es parte del “Proyecto de rectificación y revestimiento del río Tula” … ¿En qué momento se le informó a la población de este proyecto? ¿Cuándo decidieron que podían convertir el cauce natural del río Tula en un “mega canal de aguas negras a cielo abierto”? Sí “mega”, porque de un volumen de 150m3/s de agua que pasaba por el cauce, en la MIA (Manifestación de Impacto Ambiental) se hablaba de triplicar su capacidad, para evitar inundaciones por la próxima puesta en operación del famoso TEO (Túnel Emisor Oriente, drenaje de la CDMX) en el 2019. Pretendían talar 9,000 árboles a lo largo de 19 km, desde la llegada de los emisores de la CDMX en los portales de la Planta Tratadora de Aguas Residuales de Atotonilco, hasta la Presa Endhó (la cloaca más grande del mundo), pasando por varias comunidades.
Los Ahuehuetes, fresnos y álamos cortados de tajo nos enfrentaron a la realidad, los bordos talados parecían cementerios de árboles, troncos de dimensiones impresionantes caídos, dejando un olor a muerte. En ese momento entendimos que lo que venía para nuestra tierra y familias no era bueno, los árboles solo eran la punta del iceberg; al conocer la MIA, nos dimos cuenta que el ecocidio de 1,500 árboles en un solo día, solo era el inicio de la decadencia de la vida, en una entidad tan contaminada. La destrucción del ecosistema del río Tula en la zona más contaminada del mundo (declarada por la ONU en el 2005) es un tiro de gracia para quienes la habitamos, es el rompimiento del equilibrio ecológico del Valle del Mezquital, sur del Estado de Hidalgo. Parece excesiva la “etiqueta”, cuando hay otros muchos lugares muy contaminados; lo que la mayoría ignorábamos es que aquí todos los días respiramos un “coctel nocivo de contaminantes”, porque esta tierra ha sido de servicio para la capital del país, aquí encontramos todas las fuentes contaminantes. Desde una refinería y una termoeléctrica, una zona industrial y recibimos las aguas residuales de 22 millones de personas, de una de las ciudades más grandes del mundo. La Planta Tratadora solo trata el 35 % del caudal actual.
La región de Tula se enfrenta ahora a una crisis de salud pública masiva y las recientes declaraciones de la Presidenta Claudia Sheinbaum Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de designar la zona como Zona de Restauración Ecológica es un paso necesario pero tardío. Esta declaración abarca municipios como Atitalaquia, Tepeji del Río, Tepetitlán y Tlahuelilpan, donde se han identificado 498 empresas como generadoras de residuos peligrosos, incluidas 14 que producen hidrocarburos. El estudio, basado en análisis de agua, aire y suelo, podría marcar el comienzo de la recuperación si se implementa con urgencia y seriedad. Sin embargo, en la práctica hay una falta de transparencia en el proceso y no se han consultado a las comunidades afectadas ni les han invitado a formar parte de las reuniones de toma de decisiones. Esto lleva a muchos habitantes a preguntar ¿por qué no les involucran en el proceso? ¿Y qué otros intereses hay por detrás?
La región Tolteca, la que una vez fue la cuna de esta milenaria cultura, famosa por sus Atlantes, hoy es considerada como una “zona de sacrificio”. Ha sido devastada por el abuso y la inconciencia. Sabíamos que, con el TEO, vendría más agua negra, más enfermedades y muerte, y el riesgo de inundación sería mayor. Lo advertimos, tres años antes de la inundación de septiembre de 2021, no nos creyeron, nos subestimaron, pensaron que los ciudadanos de esta tierra no sabíamos lo que decíamos, pero nos fuimos preparando con la asesoría de especialistas. Nos constituimos como organización para continuar en resistencia. La inundación del centro de Tula y comunidades como Dengui, San Marcos y San Lorenzo, fue una tragedia anunciada. Miles de familias pagaron las consecuencias, los damnificados han tratado de salir adelante, pero no pueden reponerse aún de la pérdida de su patrimonio y fuentes de trabajo, el patrimonio de toda una vida no se recupera en unos cuantos años.
A partir de la inundación la CONAGUA (Comisión Nacional del Agua,) retomó el proyecto de rectificación y revestimiento del río Tula, cómo un Plan Hídrico para Tula “contra inundaciones”. En el 2017 se suspendió el proyecto de rectificación, en mesas de trabajo se acordó que lo rediseñarían y presentarían a la población, con alternativas ecológicas para no encarpetar el cauce del río en cemento, lo cual evitaría la infiltración del agua al subsuelo y desecaría todo el arbolado y vegetación de las riberas del río. CONAGUA no reparó los bordos talados en el 2017, no presentó una alternativa de su proyecto, llegó la inundación y responsabilizó a los ciudadanos que nos convertimos en ambientalistas, por oponernos la obra. En ese momento el artículo de The Washintong Post, del Dr. Dean Chahim, experto en drenajes de grandes metrópolis, quien hizo su tesis posdoctoral sobre el drenaje de la cdmx, mostró la realidad; no fue un desastre natural y los ciudadanos no somos responsables del daño que ocasionó el trasvase más grande México. Fue una decisión política, ya que si no se desfogaba toda el agua residual y pluvial, que venía de la cdmx, esta se habría inundado y fue preferible sacrificar a Tula.
En el 2022, el Plan Hídrico, una “solución” para evitar inundaciones, fue presentado como una obra de Protección Civil; se destruyeron 4 km del río en centro de Tula (la parte más afectada por la inundación), se amplió el cauce a 500m3/s, talando más de 400 árboles. Hay quienes creen que el río ya es un canal, pero el río tiene aún 15 km más, que aún contaminado, alberga fauna y sus árboles nos proporcionan un servicio ambiental, que ninguna reforestación podrá suplir. Lo que se requiere es reducir el caudal y tratar las aguas residuales (que no son nuestras) en el origen del problema (antes de llegar a Hidalgo).
Hemos continuado trabajando por la justicia socio ambiental en esta tierra, nuestro territorio ha sido ultrajado durante décadas, nuestro derecho a un medio ambiente sano, como es el artículo 4º de la Constitución Mexicana es violentado, hemos aprendido a vivir con enfermedades crónico-degenerativas y muertes prematuras de familiares y amigos.
El documental Río Negro, de su Directora Nancy Lillian De la Cruz, es revelador., Aa través de una mirada profunda Nancy da testimonio del antes y el después de la inundación, de las voces que no fueron escuchadas. Detrás de siete años de activismo, nuestro río sigue en riesgo y la contaminación va mermando nuestra condición física. Omitir la grave problemática ambiental no va a solucionarla, por el contrario, seguirá creciendo, no necesitamos vivir una nueva tragedia para actuar.
A lo largo del río existen 22 escuelas de nivel básico, una población infantil vulnerable, que está expuesta no solo al riesgo de inundaciones; ninguna autoridad habla de los gases que traen las “aguas negras”, los que respiramos permanentemente. Tula es la otra cara del agua, la que nos inunda, contamina, enferma y mata. Nos dan a escoger entre lo malo y lo peor, “nos salvan de la inundación” con el Plan Hídrico, pero no dicen que nos matará la contaminación.
Nos han ido arrancando la vida a pedazos, el ahuehuete que una vez vigiló la entrada principal de Tula, se resistía… sus raíces profundas se aferraban a esta tierra sagrada, sus ramas se alzaban como brazos protectores, abrazando el cielo y brindando refugio y sombra a toda la fauna, finalmente fue talado… Parece que también nuestra memoria colectiva debe ser aniquilada, al arrebatarnos lo que ha sido parte de la vida de nuestra tierra. Pero el Ahuehuete es un eco del pasado que resuena en nosotros, es un mensaje de esperanza y de responsabilidad. Fue un testigo silencioso de la vida y la historia de esta región, en sus anillos guardaba la memoria de los días gloriosos, días luminosos y noches estrelladas que nos siguen inspirando a cuidar de lo que aún tenemos. Un guardián fiel y noble que protegía la entrada de esta tierra de sabiduría, a través de los siglos emerge como un símbolo de fortaleza y resistencia.
Los tiempos cambiaron y la mano del hombre, cegada por la indiferencia, la falta de visión y conciencia, decidió talar su tronco robusto, sus hojas y ramas que murmuraban las historias del pasado, cayeron al suelo seco, el río Tula, había sido su compañero de vida y lloró junto a su pueblo por la pérdida de su amigo, “el viejo del agua” … La crisis climática aquí es más severa y crítica.
El sentipensar nos ha permitido integrar nuestras emociones, el dolor de ver nuestra tierra violentada, con la razón, para tomar decisiones informadas y éticas. A pesar de todo, persistimos, entrelazados con cada raíz y cada hoja. Nuestros ancestros Toltecas nos susurran desde lo más profundo de nuestra conexión con la naturaleza, queremos vivir en armonía con nuestra tierra, más allá de lo temporal ¡somos uno con ella!
En la mañanera del 26 de octubre pasado, el anterior Presidente Andrés Manuel López Obrador, reconoció ante el periodista que nos apoyó y documentó la situación vital en la que estamos, que era verdad lo que decía. La presidenta Claudia Sheinbaum, en su primer discurso también reconoció que somos la zona más contaminada de México y se comprometió a hacer de Tula la ciudad más limpia del país y a sanear el río Tula. No conocemos el proyecto de saneamiento, para ser saneado no puede continuar la tala de árboles ni el revestimiento del cauce del río.
Hoy le pedimos, que no se repitan los errores del pasado, que no se omita e ignore la participación del pueblo, que no se sigan diseñando proyectos desde un escritorio sin tomarnos en cuenta. México requiere del trabajo conjunto para lograr la anhelada transformación y justicia. Tula no resiste más, no puede seguir siendo una región receptora de residuos, sacrificando a sus habitantes. ¿Qué va hacer la capital del país para cumplir la norma en sus descargas de aguas residuales en el río Tula? ¿Por qué no separan el agua pluvial de la residual en la CDMX, para reducir el volumen del caudal excesivo que nos envían?
Organizaciones internacionales nos respaldan, han identificado a esta zona por su grave degradación ambiental y los desplazamientos de la población que pueden generarse ante el daño que sufrimos por la reducción de la calidad de vida. Esta tierra puede ser inhabitable.
Por ello nos mantenemos de pie como los atlantes, valientes guerreros. Tolteca significa “constructor”, en nuestras venas corre la sangre de una estirpe de constructores, no podemos rendirnos, seguimos adelante apelando a la protección de la naturaleza y al respeto y amor a la vida. ¡Queremos vivir! ¡Con dignidad y salud! en una tierra restaurada, ¡en un medio ambiente sano! ¡Por las generaciones presentes y futuras!
Red de Conciencia Ambiental Queremos Vivir A.C.
