Por Agustín Vázquez y Gustavo Castro
Otros Mundos Chiapas / Amigos de la Tierra México / BIORED
Los altos costos del gas LP proveniente de los hidrocarburos, la dependencia energética en el contexto de los conflictos y las guerras internacionales, la crisis climática y migratoria que azota principalmente a los más vulnerables, a los habitantes del campo, a las comunidades indígenas y campesinas; la deforestación y la pérdida de selvas y bosques tan acelerada, la pérdida de biodiversidad, la crisis y pérdida de la soberanía alimentaria, las dificultades para el acceso al agua, las enfermedades respiratorias principalmente en mujeres, las niñas y los niños por el uso de estufas o fogones abiertos, nos llevó a replantear la necesidad de buscar alternativas locales, familiares y comunitarias para enfrentar esta situación en medio del asedio de megaproyectos, de presas, minería, pozos petroleros, gasoductos, canales secos, monocultivos como la palma de aceite entre otros impulsados por los gobiernos, las empresas y los bancos.

Un biodigestor es un sistema de biodigestión que utiliza deshechos orgánicos (biomasa) como excretas de animales o de humanos así como de restos vegetales. Estos se canalizan a una bolsa especial de lámina negra impermeable donde el proceso de descomposición lo transforma en biogas que se canaliza a una estufa de dos quemadores.
El producto residual del biodigestor se llama “biol”, un biofertilizante líquido de excelente calidad para nutrir plantas y recuperar suelos. El biodigestor tiene una capacidad de ocho mil litros en fase líquida y produce un máximo 2.4 m3 de biogas, equivalentes a 3 horas diarias de hornilla de estufa prendida, y 100 litros de biofertilizante para fertilizar 4.5 ha anualmente. Con el biodigestor contribuimos a construir alternativas frente al Cambio Climático.

En entrevistas con algunas mujeres que se benefician del proyecto, ellas contaron cómo los biodigestores habían facilitado la vida cotidiana. Hablando sobre su experiencia, Rocio Alfaro de la Patria (La Independencia, Chiapas) dijo, “cocinamos mejor porqué con la leña salía mucho humo y sentíamos que nos hacía daño mientras que el gas que comprábamos era muy costoso. Con el gas de biodigestores se hace muy rápido la comida.”
El biodigestor tiene un potencial de captura de CO2 equivalente (CO2eq) para mitigar hasta 12 toneladas de CO2 eq anualmente. Hasta la fecha, con los biodigestores se han fertilizado más de 200 has con biol y se han beneficiado directamente más de 240 personas. Anualmente se ha logrado la captura de 450 Ton de CO2 eq y se dejó de consumir 13,500 kg de gas LP.

Entre familias que fueron entrevistadas después de haber usado biodigestores, Salomón Gómez Vázquez, también residente de La Patria dijo, “para nosotros aquí era un proceso de comprar leña o también de cortar árboles. Y no nos gusta cortar los árboles, pues entonces esto vino como algo muy especial para nosotros.” Salomón, que lleva tres años usando un biodigestor para cocinar y cultivar verduras como el pepino y la maíz añadió, “algo que también viene a conjuntar es la conciencia de la familia, porque a veces muchos no somos conscientes en el uso de estas cosas y que no se cree que hay cosas que podemos hacer, darle uso y sacarle provecho muy importante en nuestra familia y en nuestro cultivo.”
Un camino hacia la transición energética liderada por la comunidad
Festejamos así un camino hacia la transición energética, comunitaria, en manos de las comunidades indígenas y campesinas dueñas de su propia energía limpia y sustentable;. Esta energía es descentralizada y de pequeña escala que resuelve las necesidades de las comunidades. Es una alternativa que mejora la calidad de vida, disminuye la depredación de bosques y selvas arrasadas por los grandes megaproyectos, y otorga autonomía y cuidado de los territorios. Así, la BioRed avanza y va creciendo. Cada año, más y más comunidades se suman a esta transición energética.
Además, frente a la crisis climática se incorporan nuevos elementos que hacen de los biodigestores una alternativa circular. Con las familias se están instalando ya sistemas de captación de agua de lluvia para enfrentar las sequías, alimentar el biodigestor y regar los huertos y las milpas. Pero aparece un reto más, la necesidad de captar la energía solar para usar bombas solares para el agua o de analizar la forma de contar con iluminación en los hogares con el gas de los biodigestores, pero son retos que se tienen por delante.
Sin embargo, el capitalismo salvaje no deja que nadie se salga del sistema o deje de consumirlo. Gobiernos y grandes empresas pretenden sofocar toda alternativa comunitaria y autónoma. Pretenden que los pueblos mantengan la dependencia de sus agroquímicos, de sus semillas, de sus alimentos, de su energía centralizada y con grandes costos. Por ello, es urgente y apremiante no solo resistir al capitalismo salvaje, sino crear alternativas locales desde abajo, comunitarias y autónomas. Estas alternativas germinan por todo el planeta brotando esperanzas de otros mundos posibles.

