Por Daniela Sepúlveda, Facilitadora de Comunicaciones de la Coalición por los Derechos Humanos en el Desarrollo
Siempre he sentido una conexión profunda con el derecho a la información. Desde niña, mi curiosidad constante me llevaba a querer saber todo lo que pasaba a mi alrededor. Siempre estaba preguntando “¿por qué?” sobre cualquier cosa que los adultos dijeran, lo que a menudo desesperaba a mis padres.
Esa curiosidad marcó mi camino. Después de estudiar Relaciones Internacionales y Política, decidí dedicarme al periodismo. Como corresponsal en Madrid, durante los años posteriores a la recesión de 2008, fui testigo de cómo las comunidades se organizaban y llenaban las plazas con protestas. Cubrí movimientos como el de los “Indignados,” donde miles de personas acamparon durante meses para protestar contra las políticas de austeridad que afectaban servicios esenciales como la salud y la educación. También reporté sobre la resistencia frente a la «Ley Mordaza,» una medida diseñada para silenciar las voces críticas y reducir los espacios de participación ciudadana.

Protesta contra los recortes en la salud pública. Febrero de 2016, España.
Aunque estas experiencias marcaron mi vida, me di cuenta de que el ritmo intenso y competitivo del periodismo no era lo que realmente me llenaba. Poco a poco, mi interés comenzó a girar hacia cómo las comunidades no solo acceden a la información, sino cómo pueden usarla para empoderarse y transformar su realidad. Dejé de enfocarme únicamente en contar historias para adentrarme en el impacto más profundo de la participación ciudadana.
Fue entonces cuando descubrí el campo de la alfabetización en medios e información, y todo comenzó a tener sentido. Este trabajo no solo trata de analizar información críticamente; se trata también de reflexionar sobre las estructuras de poder que moldean nuestro mundo y sobre las acciones necesarias para desafiarlas. Me inspiró profundamente el concepto de praxis del educador brasileño Paulo Freire: esa mezcla de reflexión y acción para liberar a las comunidades oprimidas. Freire nos invita a examinar las desigualdades arraigadas en nuestras sociedades y a reconocer el potencial transformador que surge cuando las enfrentamos colectivamente.
Cuando surgió la oportunidad de unirme a la Coalición para los Derechos Humanos en el Desarrollo, no lo pensé dos veces. En el corazón de su misión está el acceso a la información, no como un derecho pasivo, sino como una herramienta para que las comunidades definan su propio camino y tomen las riendas de su desarrollo.
En mi rol como Facilitadora de Comunicaciones, mi objetivo es apoyar a las comunidades para que amplifiquen sus voces y cuenten sus historias desde su propia perspectiva. Sus luchas por los derechos humanos deben ser escuchadas, superando el ruido de quienes detentan el poder y que, con demasiada frecuencia, intentan silenciar, distorsionar o invisibilizar los esfuerzos de quienes defienden la justicia.
