Entre el “desierto verde” y el litio: la resistencia quilombola en el Valle de Jequitinhonha

May 25, 2026

Al entrar por las carreteras del Valle de Jequitinhonha, en el nordeste de Minas Gerais, el paisaje parece infinito. Kilómetros y kilómetros de eucaliptos alineados ocupan el horizonte, formando un corredor monocromático que reemplaza la diversidad del cerrado y de los bosques nativos. Son árboles altos, silenciosos, inmóviles. No hay pájaros posados en las ramas. No hay rastros de fauna cruzando los troncos rectos. El viento pasa, pero la vida parece ausente. Lo que muchos llaman “bosque plantado” es conocido por las comunidades como desierto verde.

Es en este contexto que comunidades quilombolas del Valle se reunieron a finales de abril en un encuentro organizado por COQUIVALE — Comisión de las Comunidades Quilombolas del Valle de Jequitinhonha (colaboradoras del Intercambio de Recursos Comunitarios) y el Instituto Maíra (miembro de la Coalición), para fortalecer estrategias colectivas frente al avance de los proyectos de monocultivo de eucalipto y minería de litio sobre sus territorios.

Más que un encuentro político, fue un espacio de memoria, denuncia, formación y reafirmación de la vida colectiva. En un territorio históricamente marcado por la explotación, las comunidades discutieron cómo enfrentar nuevas formas de expropiación disfrazadas de “transición energética”, “desarrollo” y “economía verde”.

 

Un valle de ancestralidad, resistencia y memoria

El Valle de Jequitinhonha es frecuentemente retratado desde afuera como un “valle de la miseria”. Pero esa narrativa ignora su riqueza cultural, histórica y territorial. Antes de la colonización portuguesa, la región estaba habitada por pueblos indígenas. A partir del siglo XVI, la minería colonial trajo expulsiones, masacres y la esclavización de poblaciones indígenas y africanas.

De la resistencia a la esclavitud nacieron quilombos que permanecen vivos hasta hoy: territorios construidos sobre lazos comunitarios, agricultura familiar, medicina tradicional, semillas criollas, religiosidad y uso colectivo de la tierra.

Las intervenciones durante el encuentro insistían en una idea central: el territorio no es solo un espacio físico. Es memoria, ancestralidad y continuidad. En las reflexiones sobre el “cuerpo-territorio y ancestralidad”, la discusión retomó la oposición entre dos mundos: “el mundo de la destrucción y el mundo quilombola”. La historia quilombola fue descrita como “la historia de la verdad”, pero también como una historia frecuentemente invisibilizada, borrada y mantenida dentro de las comunidades, sin alcanzar los espacios de poder.

“Si la ancestralidad es territorio, el olvido es una violación territorial”, afirmó una lideresa durante la plenaria.

La necesidad de alzar la voz, defender derechos y unirse fue simbolizada con la imagen de las hormigas: “a una hormiga sola la aplastas, pero nadie puede contra el hormiguero”. La canción “pisa ligero, pisa ligero, quien no puede con la hormiga no provoque el hormiguero” fue retomada como expresión de esa fuerza colectiva.

Las comunidades recordaron a parteras, liderazgos y personas que mantuvieron vivos los saberes tradicionales. El nombre de Ale do Rosário, importante articulador quilombola de la región, fue constantemente evocado como símbolo de la continuidad de la lucha.

Al mismo tiempo, el Valle también está marcado por paisajes de enorme belleza: sierras, ríos, mesetas, chacras, huertos agroecológicos y comunidades donde todavía se producen harina, panela, beiju, frijoles, maíz criollo y remedios tradicionales. Una riqueza invisibilizada durante décadas por políticas que trataron a la región como un territorio de sacrificio.

Además de la destrucción, también se invisibiliza el papel fundamental que los pueblos quilombolas desempeñan en la protección de la naturaleza. La narrativa promovida históricamente por los grupos de poder intenta responsabilizar a las comunidades quilombolas por la degradación ambiental, cuando estudios muestran justamente lo contrario: más del 58% de los territorios gestionados por estas comunidades se encuentran entre el 10% con mayor biodiversidad del planeta.

Apertura del encuentro con un canto colectivo, marcando la presencia de las personas quilombolas participantes y de los territorios de donde llegaron.

El encuentro de COQUIVALE: unirse para resistir

El encuentro reunió a comunidades afectadas por monocultivos de eucalipto, minería de litio, líneas de transmisión y diversas amenazas territoriales. Muchas lideresas y líderes enfatizaron que los conflictos ya no pueden enfrentarse de forma aislada.

“Cuando el pueblo se une, la resistencia es más fuerte”, repitieron distintas personas participantes a lo largo de los dos días.

Las discusiones abordaron derechos territoriales, consulta libre, previa e informada (CLPI), estrategias jurídicas, impactos ambientales, comunicación comunitaria y financiamiento internacional de los proyectos. Durante el segundo y tercer día del encuentro, los debates profundizaron en la protección territorial, las amenazas contra liderazgos, la autodeterminación y la organización política de las comunidades.

Uno de los temas centrales fue la dificultad de acceso a la información. Muchas comunidades relataron que las empresas llegan ofreciendo reuniones técnicas incomprensibles, promesas de empleo y compensaciones puntuales, mientras presionan a habitantes para que firmen documentos sin comprender plenamente su contenido.

También hubo un fuerte debate sobre el papel del marketing corporativo.

“El sitio web de la empresa muestra que solo están haciendo cosas buenas. Eso es marketing”, resumió una lideresa.

Las comunidades establecieron conexiones con experiencias de otros territorios de América Latina, especialmente regiones del llamado “triángulo del litio”, en Chile y Argentina, identificando patrones similares de explotación y promesas de desarrollo que rara vez se concretan para las poblaciones locales.

 

El avance del eucalipto en el Valle

La expansión del monocultivo de eucalipto en Jequitinhonha se consolidó a lo largo de las últimas décadas como parte de políticas de “desarrollo” orientadas a la siderurgia, la celulosa y la bioenergía.

La principal empresa involucrada es Aperam BioEnergia, que opera desde hace décadas en el Valle con grandes extensiones de monocultivo destinadas a la producción de carbón vegetal para la cadena del acero. La expansión de Aperam BioEnergia cuenta con apoyo financiero de $US 250 millones de la International Finance Corporation (IFC), brazo privado del Banco Mundial.

Otras empresas del sector forestal mencionadas por las comunidades incluyen Veracel Celulose, Eucatex, Florestal Bioflor, Reflorestar Soluções Florestais, Eucaminas y Jequitinhonha Madeiras.

Los liderazgos denunciaron que el financiamiento trata la expansión del proyecto como algo aislado, ignorando décadas de impactos acumulados en el territorio. Durante las intervenciones, habitantes relataron cambios profundos en el paisaje y en la disponibilidad de agua.

“La meseta tenía mucha agua hace 50 años.”

Las comunidades describen al eucalipto como un árbol “extraño” al territorio: una especie que no encaja en el ecosistema de la región, de crecimiento rápido y que, en consecuencia, absorbe toda el agua del suelo, habiendo sido seleccionada precisamente por su capacidad industrial.

 

La nueva frontera del “litio verde”

Más recientemente, el Valle comenzó a ser presentado como una nueva frontera estratégica para la minería de litio, mineral central para las baterías de autos eléctricos y las tecnologías de la llamada transición energética.

Empresas nacionales e internacionales avanzan rápidamente sobre la región:

  • Sigma Lithium, responsable del complejo Grota do Cirilo entre Itinga y Araçuaí;
  • CBL;
  • Atlas Lithium;
  • Lithium Ionic;
  • Pilbara Minerals;
  • BYD.

Las comunidades denunciaron que el discurso del “litio verde” oculta procesos ya conocidos de presión territorial y concentración económica.

La mina Grota do Cirilo, de Sigma Lithium, fue mencionada varias veces durante el encuentro. Liderazgos relataron preocupación por la proximidad de la mina a comunidades quilombolas y por la reanudación de las explosiones tras la renovación de licencias.

También se discutió el financiamiento público para la expansión de estos proyectos, incluidos aportes del BNDES para el sector del litio.

Al mismo tiempo, participantes cuestionaron los beneficios reales prometidos por las empresas.

“La empresa vende millones en residuos del litio. ¿Lo que nosotros queremos para transformar el territorio no importa?”

Muchas intervenciones también vincularon el litio con la crisis hídrica del Valle. En un territorio ya afectado por décadas de monocultivo y degradación ambiental, la minería es percibida como otra capa de presión sobre recursos naturales escasos.

 

El papel de los bancos de desarrollo

Bancos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo vienen consolidando su papel en la expansión de la minería de minerales considerados estratégicos para la llamada transición energética. En febrero de 2026, el BID lanzó el proyecto “Geological Mapping of Critical Minerals in Brazil”, orientado al mapeo de depósitos de litio, grafito y elementos de tierras raras en Minas Gerais y Bahía.

El Valle de Jequitinhonha fue definido como una de las áreas prioritarias de la iniciativa, reforzando su posición como frontera estratégica para nuevas inversiones y para la ampliación de la explotación minera en la región.

El proyecto busca identificar nuevos objetivos de exploración y acelerar la inserción de Brasil en las cadenas globales de minerales críticos. Sin embargo, como ha ocurrido repetidamente en el territorio, las comunidades potencialmente afectadas no fueron consultadas previamente sobre la realización de estos estudios, a pesar de que los bancos públicos de desarrollo cuentan con salvaguardas socioambientales relacionadas con el derecho a la consulta libre, previa e informada de las comunidades tradicionales.

 

Rosária Ribeiro da Rocha Costa, profesora e presidenta de COQUIVALE

 

“Nunca dejar de luchar”

A pesar de las denuncias y del peso de los conflictos, el tono predominante del encuentro fue de fortalecimiento colectivo.

Las intervenciones de los liderazgos quilombolas insistían en que la resistencia nace de la comunidad, de la memoria y de la organización.

Rosária Costa, presidenta de COQUIVALE, resumió ese espíritu al afirmar:

“Cuando una comunidad pasa por una situación, todas pasan por ella. Todas y todos deberíamos darnos la mano.”

Maria Eliane, del Quilombo São João Marques, habló sobre el miedo a ver desaparecer el territorio, pero también sobre la importancia de permanecer.

“Nuestro territorio es sagrado.”

A lo largo de los dos días, quedó claro que las comunidades no solo están denunciando impactos ambientales. Están defendiendo otra visión de futuro para el Valle de Jequitinhonha: una basada en la permanencia en el territorio, la agricultura comunitaria, el agua, las semillas criollas, la memoria ancestral y la autonomía colectiva.

Mientras gobiernos y empresas ven el Valle como un corredor de commodities minerales y forestales, las comunidades quilombolas continúan reafirmando que el territorio no está vacío ni disponible.

Es hogar. Es historia. Es continuidad.

Círculo festejando el encuentro y despedida